jueves, 23 de septiembre de 2010

CRITICA AL "INFIERNO", UN LARGOMETRAJE DE LUÍS ESTRADA: LA VIOLENCIA ENTRE LA GUERRA Y LO ABYECTO.

Un breve ensayo crítico a la película de Luis Estrada, que no niega, ni menos precia, el esfuerzo lograda en ella, lejos de la polémica, intenta abordar la movilidad de su mensaje, sus negaciones y vicisitudes, un señalamiento a la película, quizás una aclaración.

Describir la realidad con humor negro demuestra un alto grado de provocaciones y subversiones, sátira, ironia y sarcasmo. Existe a lo largo de la obra de Estrada un acercamiento a la reflexibilidad de estos elementos y nos muestra un más: lo terrible, que, mediante la catarsis funciona como defensa de lo real, lo abyecto de lo real, que es sin mas, el producto de nuestra sociedad desorganizada.
Los griegos que organizaban y insertaban en la polis los valores a sus ciudadanos utilizaban la cultura de las tragedias como "kátharsis", es decir, como una purificación mediante la visión trágica de la obra que permitía ver al espectador las consecuencias terribles de sus actos sin experimentar dicho castigo directamente.

Esa demostración de pasión era la "hybris" la desmesura, también llamada la "Ate" la furia o el orgullo, generalmente aventura en contra de los dioses y sus venganzas en las obras clásicas. Así decía el filósofo Eurípides que: "Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco." En nuestra sociedad la locura, si ser la inspiración platónica, agrupa e invade la vida cotidiana en las calles y avenidas de la Ciudad de México, allí estan los suicidas y homicidas en la lógica del “yo primero” en el periférico. Y esa idea, también se integra al mundo de las revanchas y las venganzas personales dentro de un modelo de justica en México que, se sabe desde el principio, tiene sus precios, faltas o inexistencia entre nosotros. En el origen siempre esta nuestro Caín y nuestro Abel, nuestras tragedias representadas en las pantallas del cine reflejan con Luis Estrada el destino de la venganza y la muerte, la desmesura en las decisiones de justicia y el desprecio a la vida: "la vida no vale nada", pero la vida es un gran dilema que hay que resolver, que posibilita nuestros cambios y proyectos.

Luis Estrada es un director que trabajo, entre otros directos, con Arturo Ripstein, José Luis García Agraz, Felipe Cazals y su periodo más polémico inicia con la “fabula política” del largometraje “La ley de Herodes” un sátira inteligente, provocadora y de increíble capacidad de crítica política y social, cuando se estreno, recuerdo que existían agentes de cine impidiendo el paso a menores de edad –como yo en aquel entonces- impidiendo el ingreso a la catarsis. El historiador francés Ernest Renan explicaba que el “error y el olvido” sirve a los nacionalismos reaccionarios, en su motor, la violencia como madrasta de la historia.

Contar nuestras tragedias históricas es afrontar el país que hemos sido y que puedan revelar un proyecto nacional nuevo. Asistir a una película que demuestre al país está secuestrado por la “crisis, el desempleo y violencia” es un tema difícil de abordar, pero necesario. ¿Es posible abordarlo desde la violencia sarcástica que verifique la violencia real y que implique algun cambio en la memoria?
Pues bien el ejercicio del sarcarmo y la sátira del narcotráfico es un buen inicio de la crítica, pero no es suficiente, cuando existen más elementos que gravitan directamente sobre las consecuencias de la suma de todas las ilegalidades, es decir, no podemos contar que un país esta secuentrado por el narcotráfico, cuando el Estado ha sido secuestrado desde mucho antes por la violencia de la ilegalidad, la privatización y la informalidad. Sin mencionar la guerra sucia, y los movimientos guerrilleros que antes se desplegaron ante el Estado reaccionario.
No es solamente “la guerra contra el narcotráfico”, es la guerra contra la ineficiencia, la corrupción, la violencia de género, el desempleo, la informalidad, el abuso del poder, la falta de justicia, la falta de competitividad y por tanto el desarrollo de nuestro mundo laboral.

Primera: “Nada que festejar” dice la película Infierno, y tiene razón, porque si bien permite reflexionar sobre la violencia que vivimos todos, también debería ser un el dialogo con el Infierno, hacer una lectura de los pasajes que tienen que contarnos los narcos, ese resentimiento, esas historias que vienen con más profundidad. Sin bien el filme está basado en la historia del “El Benny”, falta el relato de diversos cuadros de la realidad entre los bandos, por ejemplo, cuales son las hybris del ejército, sus deserciones, sus nexos con el narco, con las fronteras, con sus descuidos y “sus daños colaterales”.

Segunda: A Estrada le falto, la anexión del acoso a los medios de comunicación y al periodismo libre, y la entrada del internet en consecuencia, recordemos que en Morelia, ya se “avisa cuando va estar recio… " Los medios también ha sido en sus bases afectados, un primer lugar en muertos dedicados al periodismo.

Tercera: es imposible dejar de lado a la población civil, que pudiera representar en protesta los “daños colaterales” del ejército, quizás escenas que pudieran cuestionar el “miedo” de la sociedad y saber la posibilidad de protesta inteligente ante el gobierno y sus métodos.

Cuarto: es claro que existe una trama de diversos medios y fines de mercado negro entre las fronteras –bien que invitaron uno de los Almada”- “el Texano” y el vendedor de armas gringo para decirnos que “los mexicanos ponen los muertos y ellos a los consumidores”, ¿Cuál es la postura de EU ante nuestro país deslamado?

Quinto: parece que el narco retratado en la película no corresponde a nuestro famoso 2010, quizá en el años cincuentas o cuarentas, porque el móvil humano de los cárteles son mucho más que 4 o 6 sicarios, por cierto, la palabra “sicario” procede del puñal o “sica” que los judíos utilizaba para atacar a los soldados romanos ocupantes de Judea en el siglo XI, también entre sus rituales y sus identidades se median entre cientos y basada en una red corrupta de autoridades y fanáticos. Esa estructura de “sicarios” en el narco mexicano operan en miles y tienen en sus filas a empleado con alto grado de especialización, que hacen de su actividad económica un grupo de criminales de submarino, de jets, de revistas de espectáculos, de socios de seguridad, que se interna desde la ilegalidad en la piratería de discos hasta la trata de personas.

Sexto: Es evidente que el humor negro tiene su mejor momento al inicio de la película, pero se va extinguiendo conforme avanza, y la última escena es todo una apartado de simbolismo patrióticos que pertenecen a un discurso desgastado de ideales secuetrado por partidistas politicos ¿Cual es el nuevo discurso de cambio? ¿No existe? ¿El discurso de Luis Estrada es muerte a todos? Escenas compartidas de película “Bastardos sin gloria”, sin niveles de profundidad de “Los Olvidados” de Luis Buñuel.

No se puede negar la importancia de Luis Estrada, que nos dice en sus filmes: aquí esta los métodos violentos, los callejones de lo social, los hechos absurdos de la nación patriótica que inválidan los proyectos de un pueblo porque se encuentra en la desmesura, que capitaliza la guerra y el sistema de clases sobre instituciones nacionales.

Estrada continuo la sátira de “Un mundo maravilloso” en 2006 allí surgen elementos que insisten en la desigualdad social, en los valores empresariales, la refriega de los pobres por obtener una posición de poder.

Pero en 2010, -y en esto consiste si pudiera ser una crítica a la crítica- Estrada ataca la desmesura con la desmesura, la tragedia con más tragedia y olvidada elementos que pudieran ser de integración y catarsis en el espectador, y no me refiero a la violencia de una sangría escurrida de los símbolos patrios, que son monumentos viejos y banderas de poder en la ridiculez en la historia de bronce, quizás el escudo por interiorizar más el significado de nación “identidad” pudiera tener un aspecto de mayor acento al manejarlo de esa forma, pero en general no me refiero a eso, sino a las posiciones de los personajes y el resultado final, el proceso de hechos que se dejan ver, que no impide hacer puntos de análisis más allá de los “tópicos” bien escandalizados y filmados con el de ácidos derritiendo a cadáveres, de las cabezas, de los colgados, más allá de esa depresión de muerte, señale y entendamos en qué medida se explica a nuestra sociedad el hecho del narcotráfico no solo con los muertos, sino también quienes aun vivimos en esta guerra civil.

Tenemos que recordar que entre los motores de la violencia, esta un resentimiento histórico, las crisis permanente de de nuestro burocracia, las falta de cosmopolitismo, el vinculo con Estados Unidos y la desigualdad social, “te acuerdas cuando pasábamos eso fríos” dice el Cochiloco, quizás tengamos que ver más allá de las tribus primitivas que vienen una a lado de la otra a matarse, tendremos que ver que aspiraciones tenemos y que crisis nos mantenemos.

La tragedia a la que pertenecemos “la guerra del narcotráfico” que ha demostrado en 2010, ser una continuidad en las guerras civiles en México, inician con la desmesura e “instantaneísmo" utopista por la horda acompañada por el generalísimo Hidalgo que explica muy bien Luis Villoro en su libro "El proceso ideológico de la Revolución de Independencia". Una sucesión de guerras y muertos casi nunca contados y sepultados con la dignidad de sus nombres y apellidos. Cuanto contamos a los nuestros nos quedamos perplejos, el siglo XIX fueron guerras a muerte y de exterminio del “otro” una historia mal contada y sin proyectos nacionales.

La película Infierno, nos deja ver, en sus mejor momentos y sus mejores interpretaciones que no tenemos proyecto nacional, que la violencia ahora es la batalla por el poder, con la muerte de los alcaldes, reedita una vieja versión del poder: la “sustitución” del poder por el narco, a esos niveles, plantea una interrogación abrumadora sobre el porvenir. El narco-poder plantea una lucha en la base social desde el municipio que no se resolverá por vía del Ejército, cuando el Estado ha fracasado en otras áreas de mayor nivel de poder.

Su contacto con la miseria, el desaliento y la nostalgia de la película ante el régimen “redentor” “salvador” deja, tras sí, preguntas sin respuestas. Es imperioso asumir que es preciso reconstruir un tejido social desmoralizado que no puede ver sólo, aislado, la guerra contra el narco, sino que esa guerra es un elemento más de una crisis social, ética que no hemos resuelto en dos siglos.

En suma, no sólo vivimos una guerra contra el narco, sino que esa guerra desnuda, revela, esclarece la crisis final del Estado y que las grandes palabras nos impiden saber y asumir: que la profundidad del narco es terrible y que impide en su guerra por el poder la tranformación a una sociedad convivencial, es decir, para nunca jamás el derecho y la igualdad ante la ley, mientras se continúe el espacio de violencia que no explica más allá que al narco como eje de total del asunto, por eso Luis Estrada con Infierno imprimir catarsis en las acciones de los “sicarios” pero tenemos que abordar y demostrar no ser los primeros, ni de este siglo, antes bien, nuestra clase política son sicarios de la sociedad, el poder y la nación que tienen condena de botín, allí están los patriarcas del poder algunos vivos con su respectivo escándalo, presidentes de México, hundidos por sus hijos que prefirieron el botín que ya estaba en casa, a pelearse con el narco o con los nuevas aldeas o tribus partidistas. Buen comienzo el de Luis Estrada.