viernes, 29 de agosto de 2008

LA LEGITIMIDAD FRAGMENTADA, ADVERTENCIAS DE TOQUEVILLE.

He asumido en diversas reflexiones, la racionalidad ética que convierte el “estado de derecho social” en un principio del pacto social: el de la seguridad. La seguridad jurídica, es decir la acción del Estado por mantener su bien más preciado: garantizar la existencia de su sociedad, la proximidad de garantizar su vida y su tránsito a la justicia. No hace falta leer a Rawls para entenderlo, pero aquí señalamos que, del tránsito de la “máxima idea Ética” (Hegel), al “uso de la fuerza física legítima” (Webber) se encuentra el estudio de Tocqueville y su observancia es esta:

“...nuestros contemporáneos actúan incesantemente dos pasiones contrarias; sienten la necesidad de “ser conducidos” y “el deseo de permanecer libres.” No pudiendo destruir ninguno de estos dos instintos contrarios, se esfuerzan en satisfacerlos ambos a la vez: imaginan un poder único tutelar, poderoso, pero elegido por los ciudadanos, y combinan la centralización con la soberanía del pueblo, dándoles esto algún descanso. Se conforman con tener tutor, pensando que ellos mismos lo han elegido. Cada individuo sufre porque se le sujeta, porque ve que no es un hombre ni una clase, sino el pueblo mismo, quien tiene el extremo de la cadena.”[1]

Tocqueville intenta resolver esta contradicción, y nos dice que si bien el ciudadano renuncia al ejercicio de su libertad, el Estado, depositario de esa fuerza, debe traducirla y reintegrarla en actos de libertad para su sociedad, es decir traducida en la libertad de expresión y de asociación, la manifestación de la libertad civil y política. La lógica del autoengaño, la conocida “tiranía de la mayoría” es conducida por Tocqueville para nuestros días como el desprecio por la regulación de la libertad y la igualdad como partes esenciales para a existencia de la sociedad, y en su categoría ética, garantiza la idea del Estado.

Sin legitimidad no existe seguridad, y sin seguridad no es posible ningún tipo de igualdad. Por ello es que la legitimidad, seguridad e igualdad jurídica es la primera expresión vital de un Estado, pero la inexistencia de estos elementos abren un nuevo camino: la lucha por la libertad es la lucha por la dignidad. La desobediencia civil trae consigo consecuencias importantes no sólo porque desafía, atenta, y viola las leyes de la seguridad jurídica (que presume estar fragmentadas), sino que también protege la legitimidad del sistema político.

Actualmente el sistema político mexicano carece de una legitimidad deseada, y por razones sobradas se inventa enemigos, anexa a sus filas la corrupción del crimen organizado, apaga focos sociales y celebra rituales de “seguridad” para hacerse legitimo.

Dicho de otra manera más excelsa por Norberto Bobbio: si la seguridad es el bien más preciado del Estado, la legitimidad será su mayor aspiración para mantenerse vivo ante su sociedad, pues "hace del poder de mandar “un derecho” y de la obediencia “un deber”, es decir, transforma una relación de mera fuerza en una relación jurídica”[2].

¿Nos recuerda algo en México el asunto de la “mera fuerza”?, ¿Cuál es diagnóstico en México de la libertad de expresión, asociación, manifestación civil y política? Asumiendo la importancia de esta reflexión, lo que hoy podemos decir sobre la situación en México es, sin duda, el fracaso del Estado para establecer la convivencia entre la seguridad y la libertad, pero que decir de esta convivencia cuando nuestro país se tardo dos siglos en hacer una institución legitima y con seguridad política, y en un solo día del mes de julio nos esforzamos en destruirla, cuando también nos hemos esforzado por hacer una cantidad enorme de votantes pero no ciudadanos, hacer de la igualdad política el derecho de usar una papeleta para realizar el auto engaño tiránico sin poder decidir como ciudadanos en un acto libre. Difícil supervivencia para la libertad, y más difícil con los niveles de desigualdad jurídica, política y económica que a todas luces vivimos a diario.
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"…hay que atribuirles (a las leyes) una gran parte del éxito que obtiene en América el gobierno de la democracia; pero no creo que sean la causa principal. Las leyes federales forman con toda seguridad la parte más importante de la legislación en los Estados Unidos. Méjico, que goza de una situación tan privilegiada como la de la Unión angloamericana, se ha apropiado esas mismas leyes y no puede habituarse al gobierno de la democracia...”[3] Espejo invertido del pasado y presente mexicano: la sospecha de Tocqueville de que nuestro Estado Social era diametralmente opuesto al "igualitarismo mediocre" de los Estados Unidos. Tocqueville preferió no visitar México, ya tenía suficiente en 1831.

Aquella reunión de gobernadores famosa contra el narcotráfico, tuvieron que invitar también a los líderes de los treita cárteles de su narcotráfico, aún así sería testificado por dos personajes que sepultan con sus firmas la irracionalidad de la seguridad: Carlos Romero Deschamps y Elba Esther Gordillo, nadie dijo nada, la legalidad se impuso a la legitimidad, increible, pero ello ello no provocó ningún reclamo de la sociedad civil, pue al ver las famosas firmas, se anunciaba, el fracaso histórico del Estado, los presentes en esa sala, estaba allí para recordándonos, que México es incambiable, también Eslim como figura emblemática, para recordarnos que México no cambia.
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En suma, por grave que sean los problemas del narcotráfico, el problema principal del país reside en la fragilidad del sistema jurídico político, y casi siempre lo que no esta con los reflectores de la cobertura es la radicalidad del asunto, sino por la superficial manera de verlos.

Hace unos días también, me parece hubo una marcha de "iluminemos México", la verdad es que más bien parecía la marcha de un sepelio, nación sepultada por la violencia racista, informativa-mediática, incongruencia política, atolladero de falsos debates, en fin, casi acostumbrarse a ver la agobiante tortura de Dave Linch en "Cabeza borrada".

Octavio Paz decía que el lenguaje son puentes de libertad, pero también son trampas, pozos y jaulas, son seres invisibles que sostienen la vida y la muerte del hombre, pero desde el autismo de la clase política, hacen de la palabra una sentencia, por ejemplo, hace unos meses desde el Congreso en un acto de desvergüenza, fue posible plantear y discutir como posibilidad el allanamiento de morada, estando el ejército como policía en las calles, pero lo discutieron; discutieron la posibilidad de implantar un autoritarismo que es resultado de los Estados corruptos que ha decidido terminar con toda posibilidad la resistencia ante el poder. Inmensa agonía Ética del Estado, insoportable que nuestros representantes aceptaron discutir, siquiera, el tema de allanamiento, y seguir a lo ingenuo lo que significa la concentración de poder, que implica, por naturaleza, la muerte de la libertad, la muerte más tiránica a la Tocqueville.

Allí esta el modelo de violencia que necesariamente interrumpiría la relación igualdad y libertad en cualquier Estado: someter a la sociedad civil a una sola explicación de las cosas y a una sola medida. Y será así, la voz unica y permanente del poder. Un golpe de estado permanente que sugiere, ante cualquier emergencia, una sola voz una sóla decisión que pierde toda huella de la legitimidad y irrumpe su propia legalidad. ¿Y la sociedad civil, y las universidades, y las Instituciones?

Tocqueville había descodificado ya la meta racional de un pueblo: transportar históricamente la legitimidad a la legalidad, es decir, la decisión de un pueblo por intentar crear instituciones que le dieran libertad e igualdad jurídica, por ello se basaba tanto en las tradiciones y costumbres, los gobiernos que no pueden sostenerse bajo el principio legitimista tienen por fuerza recurrir al aparato militar, con todas sus consecuencias y justificaciones, desde el miedo que funciona de manera excepcional, hasta poder someter movimientos sociales que nada tiene que ver con la inseguridad nacional, sino más bien con la inseguridad del poder. El historiador John Fiske en 1885, nos recuerda que la superioridad de la raza anglosajona y de sus instituciones ofrecía un modelo único de “libertad y espiritualidad cristiana” y decía: “Los anglosajones tienen en sus manos el destino de la humanidad y Estados Unidos es el centro de ese poder”.[4] Es muy curioso el modelo de libertad y seguridad ofrecido en México, el modelos del ejército y el de los magistrados de la suprema corte de justicia, que también, con sus voces parroquiales e infantiles negaban el dercho al aborto.
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Y que tal nuestros cárceles, Transparencia Internacional, en su estudio de los sistemas judiciales del mundo, al examinar el caso de México ratifica lo que no podemos evitar, que, a la letra "las principales causas de impunidad en México dependen de la colusión entre jueces, fiscales, policías y funcionarios de prisiones", y es que la estructura judicial siempre ve hacia arriba, desde el policía que sale a la calle a defender el poder y no a impedir que sean trasgredidos los derechos civiles y humanos. El documento de Transparencia Internacional de 2008 crítica severamente a nuestro sistema judicial en México:“Judicial Corruption and Impunity in México”.
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No es raro saber porque el documento de Amnistía Internacional, en la sección de México tiene también este título: “Felipe Calderón, del Partido Acción Nacional (PAN) fue elegido presidente en un controvertido proceso electoral" La igualdad judicial se entiende, es parte de la seguridad jurídica, elevación de la categóría del Estado.
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En el Informe de Davos: The Global Competitiveness Report 2006-2007. World Economic Forum que evalúa a 131 países, su reporte esta en Internet, señala que México en cuanto a los Cuerpos Legales ocupa el 108 de 117, en Efectividad Policíaca 102, Costo del Crimen y Violencia para el Desarrollo Económico 115, Jamaica y Guatemala atrás, en cuanto al Crimen Organizado México ocupa el lugar 113 detrás, solamente, Macedonia, Colombia, Jamaica y Guatemala.

Pero en México se debate tranquilamente la pena de muerte para criminales en el orden de secuestros (Agosto2008), medida desesperante que nada tiene que ver con resultados judiciales, cuando Transparencia Interanacional nos dice que sobran los casos de prisioneros en México que reciben torturas o que el 40% nunca han visto un juez.
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Si algo señalaba Tocqueville en cuanto a los Estados totalitarios es que desconoce los derechos fundamentales del hombre, crítico de le época del Terror en Francia, mostró que en consecuencia, no puede sobrevivir la base ética que supone la idea de libertad y tolerancia, eso es interrumpido por la violencia que se impondrá desde el poder.
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Finalmente la proposición del fracaso del Estado es ineludible al fracaso de la legitimidad sin poderse trasformar física y jurídicamente a su estructura legal.
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Los actos de desvergüenza de la clase política generan la violencia y escándalo, a un no sabemos si los muertos y las cabezas rodantes como Robespierre reclamen para sí el uso de la fuerza física legítima, reclamen con su muerte; la muerte del verdugo: las insuficiencias gubernamentales, las deficiencias y distorsiones de la clase política, la inhibición en el uso de la fuerza pública, la fragilidad de las instituciones y el olvido de una guerrilla que existe pero que no puede trascender.
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Finalmente Toqueville nos dice: "Si un pueblo tratase de destruir, o solamente de disminuir por sí mismo la igualdad que reina en su seno, no lo conseguiría sino después de largos y penosos esfuerzos. Sería preciso que modificase su estado social, aboliese sus leyes y renovase sus ideas. Pero para perder la libertad política, basta con retenerla, y ella misma se desvanece." [5] Y los muertos sin contarlos (en México nunca se cuentan antes y después de 68 es igual) nos recordarán que la corrupción sigue, que el problema social jurídico político es inseparable de la devolución del Estado, de su papel de regulador en materia de seguridad y libertad.
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Agradezco la invitación de Omar Granados a participar en este espacio que resulte en un ambiente de reflexión la dimensión política que dignifique nuestros pensamientos y lucha social.
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José Antonio Gutiérrez.
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[1] TOCQUEVILLE, Alexis. La Democracia en América, México, FCE, 1999, 225 p.

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