jueves, 1 de mayo de 2008

PENSAR EN LA POSMODERNIDAD

1. Lo posmoderno no es “lo contrario” de lo moderno, sino su rebasamiento (Vattimo). Es la modernidad misma que en su autocumplimiento invierte sus modalidades y efectos culturales.
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2. Retomando el punto anterior, no es que exista cultura posmoderna como fruto de la mala enseñanza de filósofos y artistas posmodernistas. Pensar esto, es situarse en el peor de los espiritualismos, que pondría a la teoría en un lugar de constitución de opinión pública y de estilos colectivos de existencia que está a años luz de poseer (y no sólo en esta época de descrédito de lo intelectual). Nunca la teoría ha sido otra cosa que un fruto conceptualizado de tendencias culturales en acto en la sociedad. De modo que poco se ganaría con acallar las voces de los autores posmodernistas: la cultura posmoderna de lo visual, el universo cotidiano light?, no dependen en absoluto de ellos. Por tanto es en el plano práctico-político, en el espacio colectivo de la construcción de opinión, donde debe trabajarse la cuestión. Pero asumiendo que no hay lugar para el simple voluntarismo.
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Las condiciones epocales dependen de factores estructurales no elegidos por los actores sociales. Por ello, es de advertir que la cultura posmoderna ha llegado para quedarse, nos gusten o no los valores que ella vehiculiza. Y aquellos que queremos reinstalar el peso de ciertos valores generales como la solidaridad o la autonomía decisional (me incluyo entre ellos), deberemos asumir que estos valores no son ?naturales? y no hallarán ninguna imaginada espontánea reinscripción. Deberán instalarse dentro del conflicto actual de las interpretaciones, y dentro de formatos que los hagan interesantes y convocantes para los actuales estilos ?zapping? de percepción. Lo cual plantea -soy conciente de ello- no pocas paradojas y perplejidades.
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Pero lo peor sería ignorar la peculiaridad cultural del presente en nombre de un ?deber ser? apriorístico según el cual la modernidad racionalista era el modelo ideal, y habría que sostenerla abstractamente contra lo presente. Ello no se haría cargo ni de los males autoritarios que la modernidad conllevó, ni de su responsabilidad intrínseca en la actual hegemonía de lo posmoderno. Y promovería el esperable rechazo frontal desde quienes están atravesados por las actuales modalidades de percepción y actuación (punto en el cual es muy útil el aporte de autores como Hopenhayn).
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3. Otra cuestión asociada (cada uno de estos puntos no es analíticamente independiente de los otros, sino son ?momentos? de una sola concepción global que los implica): resulta imposible acabar con lo posmoderno a partir de solas refutaciones teóricas. Lo posmoderno depende de condiciones materiales de existencia. El desarrollo científico y técnico, por un lado, y por otro el cumplimiento histórico (fracasado) de la realización del progreso científico como solución de los problemas sociales, y de la revolución social según el modelo ofrecido desde la revolución soviética a todas las luego realizadas en nombre del socialismo. Positivismo y marxismo, las dos grandes promesas históricas de la razón surgidas del optimismo del siglo XIX, terminaron cercanas al totalitarismo y la despersonalización.
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No quiero con ello afirmar que la ciencia analítica y el marxismo no tengan cosas válidas que aportar actualmente: es más, se notará la presencia de la dialéctica dentro del análisis que hago del fenómeno posmoderno. Pero estoy aludiendo a la promesa histórica global, no al valor explicativo de la teoría. Promesa que ?en cuanto al marxismo-podrá seguir presente sólo en la medida en que sea capaz de reconvertirse a un modelo histórico y cultural renovado (cosa para nada imposible, pero de ningún modo trivial).
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4. Es una muestra de incomprensión de lo posmoderno, incluir allí autores como Foucault y Derrida. No desconozco que esto es practicado por muchos que se autorreclaman posmodernos, pero ello no quita la inespecificidad del rótulo. Lo posmoderno no es cualquier tipo de desfundamentación, y menos aún de deconstrucción. El posestructuralismo, que incluye autores como los citados más Deleuze, y los últimos Barthes y Lacan, es el que plantea el lenguaje autorreferenciado. Nada de eso se ve en autores posmodernistas (Lipovertski, Lyotard, Vattimo, Rorty), excepto parcialmente en Baudrillard, quien de cualquier modo enfatiza los signos visuales y no los lingüísticos. Por otra parte, los posmodernistas escriben con posterioridad al auge posestructuralista, aunque parcialmente hayan coincidido en el tiempo (caso Derrida, quien sigue escribiendo mientras ya murió Lyotard).
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El posestructuralismo produjo al máximo en los años setentas, el posmodernismo en los ochentas y aún noventas. Y tal diferencia temporal no se dio sin motivos: las condiciones de la cultura han sido disímiles en ambos momentos. Los autores de ambos ?subconjuntos? (que no son para nada grupos) han apelado a temas parecidos (la diferencia, la guerra al todo, el ataque a la razón universalista), y a las mismas fuentes (Heidegger, Nietzsche).
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5. La confusión entre neoliberalismo y posmodernismo poco ayuda a que nos entendamos, aún cuando existan quienes adhieren a ambos a la vez. Se requiere quitarse de encima esa identificación lisa y llana, para que podamos a partir de la distinción advertir las articulaciones, que de hecho sin duda existen. Las he trabajado explícitamente en un texto dedicado al tema (5). Pero a menudo la confusión se establece a partir de la idea de que lo posmoderno no es un suelo cultural compartido, sino exclusivamente una toma de partido asumida, lo cual expone una fuerte incomprensión de la densidad de época que se da en el fenómeno.
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La posmodernidad es un estilo cultural de época, el posmodernismo un movimiento artístico y teórico que asume como propios los valores de ese estilo cultural. El neoliberalismo, en cambio, una estrategia ideológica para imponer determinados planes económicos. Por tanto, posmodernidad y neoliberalismo son fuertemente diferentes, y por ello precisamente no incompatibles, en tanto no buscan ocupar el mismo espacio.
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Y last but not least, personalmente creo que hace ya tiempo que se ha producido un ?fin de fiesta? en lo posmoderno (6). Y que del ?todo vale? es fácil derivar al ?todo da igual?, entendido ahora en el sentido más trágico.
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Hay vacío de normatividad en la sociedad posmodernizada. Comparto esta idea central, sólo que entiendo que la recomposición normativa no podría hacerse con pretensiones de universalidad y unicidad que hoy resultarían simplemente anacrónicas. Pero de ningún modo creo que lo posmoderno implique simplemente un alivianamiento aproblemático de la experiencia. Se ha estudiado bien las nuevas formas de sufrimiento y de angustia que asolan a la cultura ?light? (7)
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Tal vez a partir de todas estas precisiones llegue la ocasión de un diálogo de otro tipo con los autores ?racionalistas?, que no se base en la simple descalificación que suelen hacer de lo posmoderno. Así, tal vez llegue la ocasión en que muchos autodeclarados ?depositarios exclusivos de la razón? puedan asumir que el giro crítico sobre la razón es un movimiento interno al decurso de la razón misma. Y que para que Nietzsche pudiera hacer sus imprecaciones contra la mentira que habita en la noción de conocimiento desinteresado, fue necesario que se constituyera definidamente como un ilustrado (8). Sólo puede haber crítica de la Ilustración gracias a la consumación de la Ilustración, y una y la otra no se oponen simplemente. Por ello, se equivocan aquellos que niegan a quienes sostenemos la vigencia de lo posmoderno, el derecho a hablar en términos de emancipación: bajo nuevos casilleros culturales, la posmodernidad se revela como hija y continuadora inalienable del legado de la modernidad. (*)
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Profesor de grado y posgrado, Fac. de Ciencias Políticas y Sociales, Univ. Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina)Notas y referencias (1)Sobre todo nuestro libro Modernidad y posmodernidad: una óptica desde América Latina, Aique/Rei/IDEAS, cap. 1. También J.Jaramillo: Modernidad y posmodernidad en Latinoamérica, Centro de Escritores de Manizales, Colombia, 1995 (2)Ver F.Jameson, El giro cultural, op.cit. (3)Heidegger, M.: ?La época de la imagen del mundo?, en M.Heidegger: Sendas perdidas, varias ediciones (4)Mi texto Modernidad y posmodernidad: una óptica..., op.cit (5)?Inflexión posmoderna y calamidad neoliberal?, en J.Martín-Barbero y otros: Cultura y globalización, CES/Univ. Nacional, Bogotá, 1999 (6)Follari, R.: ?Lo posmoderno en la encrucijada?, en R.Follari y R.Lanz (comps.): Enfoques sobre posmodernidad en América Latina, Sentido, Caracas, 1998. ?Inflexión posmoderna: final de fiesta? es el subtítulo de página 139. (7)Rojas, M. y Sternbach, S.: Entre dos siglos (una lectura psicoanalítica de la posmodernidad), Lugar edit., Bs.Aires, 1994 (8)Ver la interpretación antideconstruccionista de Nietzsche sostenida por M.Cacciari en su libro Desde Nietzsche. Tiempo, arte, política, Biblos, Bs.Aires, 1994.
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Lectura compartida, recomendación de José Antonio Gutiérrez

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