domingo, 13 de enero de 2008

NUESTRO MODERNO MUNDO LIQUIDO: UNA APROXIMACION BAUMANIANA

LA SUBJETIVIDAD RESPONSABLE EN LAS SOCIEDADES DE LA FLUIDEZ

El individuo es el genotipo único, la designación de la partícula social, cuya más profunda encarnación representa ellos mismos; los seres humanos que sacuden los marcos de género con sus atributos estamentales y sus presupuestos en busca de una vida propia, la búsqueda por ser los libertadores de su tiempo y de una ruta de certidumbre, una lucha constante por la transformación del concepto de genero acotado por el mundo laboral donde “las contradicciones estamentales de los géneros no surgen, con las contradicciones de clase, en la temprana modernización industrial, sino en la tardía”[1]

El hombre piensa y construye discursos como dos alas para sobrevolar sus incertidumbres, pero se mantiene sumergido en el dinamismo progresivo que se divorcia de los métodos tradicionales; que es el carácter que constituye a la modernidad. Los requisitos que validan esos procesos sociales se registran en los nuevos intentos por experimentar un tiempo y espacio satisfactorios, ésto es la reducción, la ultima unidad que mantiene nutrido el entendimiento de la realidad. Ahora dentro de esta situación, siempre se está a tiempo de ver algo sobre el tipo de razonamiento incierto que se encuentra en lo político, representados por el origen de la incertidumbre común.

El homo faber, que definía la humanidad por el trabajo, o el homo castratus, que definía la humanidad por la prohibición del incesto, no parecen definir la condición actual. Por ejemplo, a veces parece que la relación incestuosa aún está prohibida pero que es sólo eso. Sin operadores de desplazamiento metonímico –y eso eran las instituciones-, la prohibición no marca el paso a una dimensión simbólica para después ser experiencia; es un hecho, una prohibición y punto. Por su parte, el trabajo, que había constituido un pilar de la cosmovisión moderna, que había fundado la humanidad en Marx, que definía la actividad psíquica en Freud, tampoco se ejerce con la extensión institucional y universal que había adquirido en la era del capital productivo.

Con una prohibición que no desplaza y un trabajo que no abunda, nuestra civilización intenta definirse nuevamente por su extraordinaria actividad configurante en el borde oceánico de la dispersión –esa nuestra barbarie, nuestro estado de naturaleza, nuestra guerra de todos contra todos, nuestra ausencia de contrato: la figura actual de lo asocial–. La dominación del capital financiero altera el concepto práctico de humanidad. En adelante, la humanidad transcurre sobre un régimen de contingencia continua. En las teorías lingüísticas modernas por ejemplo, el paradigma de la lengua es la institución. Sin instituciones, la lengua estructural se desfonda; las palabras fluyen insensatas. Pero –se dirá- no es el lenguaje el que nos constituye estructuralmente; son más bien los discursos y sus efectos.

Ahora bien, resulta notoria la dificultad para hacernos responsables de los discursos de nuestra época y de sus efectos. La dificultad para hacernos responsables de estos discursos y estos efectos acarrea una dificultad esencial para construir subjetividad; porque según la comprensión estructural, el discurso y sus efectos eran el sitio esencial de subjetivación. Pero en esa comprensión estatal-institucional, los discursos eran estables: contaban con lugares de emisión y recepción.

La responsabilidad actual no coincide, ni de lejos, con las figuras jurídico-morales del responsable a priori de sus actos. Tampoco coincide en la modalidad de castigo, pues ésta dramática de la responsabilidad tampoco se configura en esa dimensión habitual. Sin no nos configuramos, no existo. Quizás por esto vaya resultando cada vez más evidente y más masiva la irresponsabilidad como condición de época. Se advierte entonces que toda confrontación social implica además de una visión definida del “orden social” también de una responsabilidad de querer confrontarse, porque esas visiones no están y no pueden estar de acuerdo; por consiguiente, sería una tarea vana tratar de extraer de ellas un único cuadro compuesto del “orden social”.

“Esas tonalidades místicas, cambiantes y variadas de graduación; esos colores de seda tornasolada de la sociedad producen este efecto: que la gente no tenga una posición exacta y fija, que sólo por sus relaciones alguien pueda elevarse hasta mirar por encima del hombro a sus superiores, que mientras el rango ganado por el intelecto o por el interés está abierto, aunque a unos pocos, el rango que puede obtener por el buen tono parece engañosamente abierto a todos”[2]

Contraponer continuamente una conciencia humana contra otra, confrontar una imagen privada del mundo con otra por completo diferente, desbaratando así las ideas habituales de la realidad; pareció ser cada vez más claramente la ocupación elegida por los novelistas “modernizadores”, de 1830. Por entonces se impone además una amplia doctrina “modernista” y necesariamente, en esa inmersión se disuelven muchos “absolutos” imaginarios, entre ellos sociales como los conceptos del “gentil hombre” y la “clase”; que en lo posible acudían a prescindir en lo posible de todas las categorías, clasificaciones y “marcos” preexistentes en aras de la “visión inmediata” y el trato directo con “la cosa misma”. ¿Será un nuevo preámbulo donde Zigmunt Bauman o Ulrick Beck están regocijándose de nuevos conceptos como Modernidad Liquida y Modernidad Reflexiva respectivamente, como una exigencia de los marcos vitales para un nuevo discurso?

Resulta evidente que se ha perdido ese mundo tradicional, lanzados a un mundo ajeno y extraño, sólo podemos recobrar aquel equilibrio domesticando el mundo: tratando de recrear teóricamente en él la transparencia y consistencia de un mundo más cercano en tanto la vitalidad de la vida, en el fondo de las teorías filosóficas que tratan de comprender la realidad –como en el fondo de las políticas o técnicas que tratan de transformarla hay mucho más de nostalgia y añoranza que de voluntad de dominio.

Entonces más que pretender dar sentido a los objetivos, se trataría de un intento de dar objetivo al mundo sin sentido; que los objetivos sean para los sujetos y su realidad síntoma de lo que objetivizan, es decir de lo que han dominado, a la par entonces dominar la vida pública: que regionalmente sería la democracia. Por ejemplo en los países Latinoamericanos se ha hecho una reconstrucción de individuo que vota, más no del sujeto que decide, esto sería que solamente se han instaurado votantes y no de ciudadanos.

Pero siguiendo a Lucien Goldmann[3] en la distinción entre sujeto individual y sujetos trasindividual o colectivo y a Zigmund Bauman se plantea la hipótesis de este breve ensayo: Primero, que en la era de la fluidez, los discursos resultan fragmentarios y fragmentados. Los sitios de constitución subjetiva no son estables sino –ya era previsible- contingentes, nuestra labor, nuestra inconcebible tarea de hacernos existir, intenta con eso –con esos discursos fragmentarios- configurar la subjetividad.

Segundo, con la contingencia que nos hace superfluos tenemos que hacernos posibles y modificar lo que se realiza, pues lo que nos mueve no es tanto el ansia de saber en tanto una duda teórica o el gusto por el conocimiento, sino la necesidad de anular la distancia o desajuste que nos impide vivir reconciliados con el mundo; el deseo de recuperar ahora, en el mundo público y adulto, las “certezas naturales” y la tranquila instalación en el entorno que se fue con un Estado que decía mantener y ejercer una soberanía, y con un ajuste convivencial con sus sociedad. En este horizonte no hay constitución ni existencia subjetiva posible sin pensar en cada circunstancia una figura de “subjetividad responsable”. La responsabilidad no transcurre únicamente en el dominio jurídico-político sino en el angustioso registro existencial.

Así, en lo sucesivo, todo actor social se encuentra privado de la posibilidad de ver que su espacio de referencia natural le garantice de manera estable y serena las fuentes de su identidad. Ésta tiene que renegociarse, pues ha dejado de estar disponible de manera natural. Como ya se han tomado la libertad de numerosos ensayos de la “reconstrucción de la identidad” que se asemeja a un ordenamiento individual de comprender el significado de la tragedia biográfica de su vida colectiva.

“La ida de identidad nació de la crisis de pertenencia y del esfuerzo que desencadenó para salvar el abismo existente entre el “debería” y el “es”, para elevar la realidad a los modelos establecido que la idea establecía, para rehacer la realidad a imagen y semejanza de la idea”[4]

Las “identidad nacional” era desde el principio, y siguió siéndolo durante mucho tiempo, un grito de guerra, ahora debe se inscriben las guerras de reconocimiento, individuales o colectivas, se libran por norma en dos frentes, aunque se intercambien tropas y armas entre las fronteras de los frentes; la composición del sistema estatal que daba correspondencia a una identidad fue precisamente la que produjo el deseo de un acto de liberación; una liberación de la inercia de los modos tradicionales, de las autoridades inmutables. Esa nueva libertad significo lamentablemente una rápida descomposición del sistema estatal de la fase “sólida” de la modernidad a la “fluida”, la composición libertaria fue la corrosión para la descarga de las responsabilidades, esos fluidos que a la menor fuerza no pueden conserva su forma por mucho tiempo.

La Identidad es en lo esencial es el significado de una nueva reconciliación por el reconocimiento mutuo, pese a lo que se proyecta en un mundo en el que todo es elusivo, en el que la angustia, el dolor y la inseguridad que causa “vivir en sociedad” requiere un estudio paciente y continuando de la realidad y de cómo los individuos “se sitúan” en ella. La disolución de los sólidos “modernidad sólida” esta correspondiendo entonces a que los vínculos entre las elecciones individuales y las acciones colectivas son confrontación inevitable, “…cuando lo público ya no existe como sólido, el peso de la construcción de pautas y la responsabilidad del fracaso caen total y fatalmente sobre los hombros del individuo”.[5]

La modernidad líquida plantea la desregulación, la flexibilidad, la incertidumbre, la inestabilidad, y la irresponsabilidad social a la par del autismo en el tránsito político por mantener vivas la dialéctica entre los individuos y sociedades que requieren de las condiciones de responsabilidad básicas que ya se han desplomado. La incertidumbre que arroja “razonamientos inciertos” integran un sistema complejo y vastísimo, junto con las situaciones inciertas en las que se dan, el hecho, fácilmente comprobable, de la incertidumbre común de los enunciados pertenecientes al habla natural y al discurso político, y no sólo es, por desgracia, el discurso político del hombre de la calle o de los medios de comunicación, sino también el de los políticos profesionales y hombres de estado. Si aquél abunda en chismorreos y maledicencias, éste no se queda atrás, por lo que atañe a la colección de ambigüedades que acostumbra.

“De los antiguos ágoras se ha apropiado emprendedores entusiastas y han sido reciclados en parques temáticos, mientras poderosas fuerzas conspiran con la apatía política para negar el permiso de construcción de otro nuevos”[6] ¿Cuál es el programa ha seguir? –la era de la fluidez tal ve me atrapa- pero me siento incomodo cuando se dice que hay un programa alternativo de izquierda y adopta “un destino posible” usando el argumento que la “política es el arte de lo posible”, al constatar la imposibilidad inmediata de cambiar las cosas debido a la tan desfavorable correlación de fuerzas hoy existente, consideran que no les queda otro camino que ser realista y reconocer esa imposibilidad adaptándose oportunistamente a la situación existente, es decir reconocer la incertidumbre y dejarse llevar por ella y no afrontar las contradicciones.

El estudio de Tocqueville, en Democracia en América y Memorias del Pauperismo[7] se enfrenta con la contradicción desastrosa de la Democracia: igualdad (de oportunidades) es la base para la libertad y la libertad es la condición para que aparezca la democracia, lo que ha hecho las sociedades democráticas es sacrificarse una y otra vez para demostrar que la libertad viene por consenso y por decreto, los hombres democráticos abandonan su libertad a estas poderosas autoridades a cambio de un despotismo blando ¿Por qué? Porque tiene miedo de no sólo perder su libertad frente a otro (por el carácter de igualdad de oportunidades), sino también tienen miedo de perder su igualdad y obligan a los otros a delegar su libertad, la sociedad se tiraniza así misma dice Tocqueville[8] la base de esa libertad nunca se efectuó lo demás corresponde al libertinaje[9] acompañado de una progresiva búsqueda de identidad.

Se tiene que reforzar la idea del porvenir haciendo indispensable lo que fue y lo que se esta haciendo, ¿A quienes despreciamos? ¿A quienes aspiramos? ¿Que es lo que compramos, lo que debatimos, lo que está en nuestra preocupación como estudiantes, trabajadores, empresario? ¿A quien corresponde Estado de Derecho? ¿A quien le preocupa la educación por ejemplo? este es el ejercicio de la identidad, que será o está ya siendo frustrada. “Por tanto, se ha malversado la guerra por la justicia social en una plétora de batallas por el “reconocimiento”… lo que parece brilla más por su ausencia, el reconocimiento es una nebulosa”[10]

Un hábito disciplinario nos impone la pregunta por las figuras de responsabilidad para comprender la subjetividad de una época. Lo cierto es que las figuras de responsabilidad heredadas no encuentran las condiciones para ejercer su oficio. En fluidez, -tributario del tiempo progresivo, la le proscriptita a priori y la prueba positiva de verdad- ya ignora radicalmente de qué es responsable ante quien. Brutalmente no tenemos, ni somos, ni conocemos sujetos a priori de la responsabilidad. Como si la única posibilidad fuera hacerse responsable: a partir de una contingencia, hacerse responsable de existir para la contingencia.

Si bien es cierto que el ciudadano es responsable de sus decisiones políticas como parte de un cuerpo colectivo, también es cierto que su responsabilidad se constituye en ámbitos personales, más individuales, más recónditos; las transformaciones de la intimidad; “la sexualidad hoy ha sido descubierta y accesible al desarrollo de diversos estilos de vida… las funciones sexuales son un rasgo maleable de la identidad personal, un punto de primera conexión entre el cuerpo, la auto-identidad y las normas sociales”[11]

En esa intimidas, de desplaza solito el yo, responsable de sus actos –público o privados- Este yo, podría definirse en última instancia como la institución que en exclusividad se hace responsable de los actos, los pensamientos y los deseos que pasan por un punto. Un yo que debe responder a las preguntas anteriores, pues los pensamiento y deseos, al que además se le exige coherencias y compatibilidad entre esos actos, pensamiento y deseos, difícilmente se salve del sufrimiento neurótico.

El riesgo que corre los valores; esa abstracción simbólica y normativa a seguir, preceden al circulo de nuevos reconocimientos; la maternidad y paternidad por ejemplo. Las relaciones familiares se convierten en comedias divagantes que están en conflicto por organizarse, por sembrar sus atributos personales a través, es decir por atender de manera confiable ese caos[12] , por que eso significa revelar un tiempo posible, reflexibilidad en lo cotidiano, el delirio de lo nuevo y el porvenir, la búsqueda de un Yo responsable y el lugar en el reconocimiento del Otro, que puede ser tu, a fin de alcanzar el bienestar, la seguridad, el desarrollo de su liberación, una actitud que hoy es de la sobrevivencia y no la convivencia.

Seguir descubrir lo inhóspito que bien puede ser acompañado por las relaciones amorosas para seguir contribuyendo a la fuerza centrifuga de la biografía, por que hoy la historia social del amor se tornará cada vez más violenta y peligrosa: locura, porque sus promesas no se cumplen, la de cariño, matrimonio, paternidad. En este sentido, el siglo XX que practico la modernidad, llevó acabo también las contradicciones entre la división del trabajo, la forma de producción y consumos, la familia, etc. revela la catástrofe de los roles de genero y las evidencias de la miseria social y la muerte.

La desolación social se traduce a un tipo de situación políticamente nueva o sorprendente para nosotros. Una cosa es disponer de un Estado potente al cual formularle una serie de reclamos, o bien formular un plan de asalto, o bien culpado de nuestras desdichas. Nuestra subjetivad política no tiene porque volverse política de autistas, las alteraciones de la subjetividad contemporánea no logra configurar un pensamiento institucional, el tipo subjetivo que se destituye con el Estado-nación, es lo que somos –o éramos- una alteridad de ciudadanos.

Se revelan entonces el oportunismo programático, la decoración de las palabras victoriosas, el reconocimiento por seguir representando algo, ya sea en lo más apabullante como las represiones compartidas o por el túnel del orden político por grupos divididos, inseguros, moralizantes que se pelean por el camino correcto y que están llenos de dudas. La apuesta por la subjetividad, no debe ser un acompañante del autoengaño sino una reconfiguración por seguir manteniendo vivo una fuerza por escenificar las posibilidades de configurar un nuevo edificio social más aceptable, apostaría a la sociedad civil, una igualdad de condiciones normativas y una igualdad en los objetivos sumarios de trabajo; “la biografía individual adquiere entonces la doble cara una situación individual con dependencia de las instituciones”[13]

Los conflictos en relaciones de pareja o la guerra de individuales se libran por el puente del matrimonio a muerte, de allí que “libertad más libertad no significa amor, sino más bien ponerlo en peligro o incluso acabar con él.”[14] En el mundo coordinado por el Estado, la subjetividad generada por la familia permite para a la escuela, de la escuela pasar a la fábrica, a la oficina, al hospital, al cuartel; uno puede ir pasando a través de distintas situaciones porque están regidas por la misma lógica. Pero sin una instancia que coordine, los recursos subjetivos pertinentes para habitar una situación no son pertinentes para otra, se queda como en momento de perplejidad y esto ya es ya un desgarro instituido, “este ser social es el escenificador de su biografía condenado a la libertad de elegir[15], creo que aun no se llega hacer un escenificador sino solo el espectador, y no esta condenado a elegir sino a seguir un placer de asumir esa elección como tributario del progreso,[16] y donde incertidumbre y progreso no son incompatibles pero lo serán cuando seamos los actores políticos.

Aquí estamos, en una lucha que pasa de un justo encuentro entre identidades a un encuentro entre multitudes, donde el pragmatismo se apodera de la política, mientras que el tema que aseguran ambiguamente “el origen de todos los males”: el neoliberalismo; se convierte en desastre económico sin salida para las naciones tradicionalmente dependientes, podemos dejarnos caer en esta inercia, o bien, asumir como una a priori que el interpretar la realidad es un largo sinuoso camino y que nuestro compromiso -sin despegar los pies de la tierra- es el de los sueños, la construcción de utopías regionales, un compromiso y éste es marcar al espíritu: la muerte y la vida, Fichte se preguntaba en el Discurso a la Nación Alemana[17], si queremos ser un punto terminal, los últimos representantes de un anthropos despreciable, o bien queremos ser un punto inicial.

Marx había anticipado en el desarrollo del capital la base para “un proceso de crecimiento continuo, incesante, abierto y sin fronteras”[18] pero que ha sido con el desgarro interno de los sujetos, con su fragmentación en especialidades para su inserción eficiente en la estructura social, y, por consiguiente, ha ido perdiendo su facultad de síntesis y de trascendencia en el plano de las acciones históricas.

Como Berman observó, la búsqueda de infitina riqueza que soñaba Marx, “una riqueza de deseos, espacios, capacidades, sensibilidad ha quedado subordinada a la apetencia de satisfacción inmediata, que se agota en formas personales y especiales cerradas, limitadas y fijas”[19] Las mutaciones sociales se apropiaron de la información necesaria para la contingencia actual que la civilización no contaba.

El fraccionamiento del hombre y su despersonalización, resultado de la cantidad de funciones especializadas que desempeña, obliga a una nueva valoración de la subjetividad del sujeto en este contexto donde predominan los medios; “lo que obliga en forma constante a calificar de nuevo la subjetividad humana garantizando la presencia de los fines humanos en el mundo de los medio y de las cosas”, como sostiene Cerroni y ello porque “la vida real es mucha más fluida y comunicativa que la vida reflexiva” [20] La mayoría de nosotros estamos desairadamente en suspenso entre estos dos extremos, jamás seguros de cuánto durará nuestra libertad para elegir lo que deseamos ni para renunciar a lo que no molesta, ni de si seremos capaces de mantener la situación de la que disfrutamos normalmente, siempre y cuando consideremos que es cómoda y deseamos conservarla.

Podemos convertir éste entonces el campo de nuestra lucha por la sociedad y de sus libertades, y última instancia del significado de la vida, si somos nosotros los que decidimos cuál habrá de ser nuestra meta; verdad es que necesitamos de la esperanza; actuar, vivir sin esperanza es cosa que supera nuestras fuerzas, pero los tiempos del desastre y malestar humano necesitamos seriamente una justificación. Se reescribiría así entonces “convivir la propia vida.”[21]

Invocaciones a la responsabilidad subjetiva, donde la política debe crear nuevos entendimiento de cómo organizarnos, de pasar de una sobrevivencia a través de la una voluntad y una convicción de los ensayos normativos; política por otros medios; el acto de decisión configura de otro modo. La respuesta configura, a la vez, el sujeto de la respuesta y el responsable de su proceso. Zaratustra tenía razón, la muerte de Dios no iba a ser fácil, ¿Cuánto tiempo más tendremos que lidiar con la el debilitado Estado? que por otra parte busca donde caer; su caída debe ser correspondida por la materia humana “llámese residuos humana”[22] en Bauman; materia humana dispersa, arrojada a los flujos, materia humana que cambia esencialmente de cualidad-identidad. El Estado no tiene la capacidad de general existencia que tuvo en los siglos de la modernidad política. Desde entonces, existir no es un dato objetivo sino un trabajo subjetivo.

“La identidad nacida como ficción requirió de mucha coerción y convencimiento para fortalecerse y cuajar en una realidad (más correctamente: en la última realidad imaginable), y estos dos factores sobrevaloran la historia del nacimiento y la maduración del Estado moderno”[23]

No es tiempo de negar a la política[24] si no de reconocer que es el esfuerzo para que se habrá los cauces de participación social, cuya construcción es vital del sujeto en su faceta individual y colectiva, política no es sólo la actividad humana que ejerce el poder en dominación, o de partido, hacer política es ejercitar la organización, una acción cotidiana, una alineación posible que detenta la conquista cultural del ser humano.







[1] BECK, Ulrich. El Normal Caos del Amor. Las nuevas formas de la relación amorosa. Buenos Aires, Edit. Paidós, 2001, 48 p.
[2] MATHIEU, Joachim. Edward Bulwer-Lytton’s England and the English A Description of England in the “Age of Reform”, London, Standish Meacham, 2001, 29 pp.
[3] GOLDMANN, Lucien, 1955, El hombre y lo absoluto, Barcelona, Edit. Península, 1968.
[4] BAUMAN, Zigmund. Identidad, Buenos Aires, Edit. Losada, 2005, 49 pp.
[5] BAUMAN, Zigmund. Modernidad Liquida. México, Fondo de Cultura Económica, 2002, 34 p.
[6] BAUMAN, Zigmund. En Busca de la Política. México,Edit. Fondo de Cultura Económica,1999,11 pp.
[7] TOCQUEVILLE, Alexis. Memoria del Pauperismo. en: NEXOS, octubre 1999, No. 262, 67 pp.
[8] TOCQUEVILLE, Alexis. Democracia en América, México, Edit. F. C. E. , 1997, 122 pp.
[9] Popper afirma que la paradoja de la libertad ilimitada está representada por la tolerancia limitada. Dicho de otra manera: sostiene que las instituciones de una sociedad abierta no pueden dejar en libertad a los prepotentes para esclavizar a los moderados; “Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquéllos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender a una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto con ellos, de la tolerancia” “No es que se rechacen las expresiones filosóficas intolerantes mientras podamos contrarrestarlas mediante argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública”, Popper exige una plena protección a las minorías en: POPPER, Kart. “Notas”, en La Sociedad abierta y sus enemigos, Buenos Aires, Edit. Paidós, 1967, 512 pp.
[10] BAUMAN, Zigmund. Identidad , Op. Cit., 84.85 pp.
[11] GIDDENS, Anthony. Las Transformaciones de la Intimidad, Madrid, Cátedra Teorema,1992, 25 pp.
[12]BECK, Ulrich. El Normal Caos del Amor Op. Cit., 16 pp.
[13] Ibídem 67 p.
[14] Ibídem30 p.
[15] Ibídem 66 p.
[16] Es innegable, pues que no puede probarse la verdad o falsedad de la idea de progreso, según lo dice el propio John Bury. Se trata de uno de esos razonamientos inciertos: “El concepto de Progreso deriva su valor, su interés y su poder de sus referencias al futuro. Se puede concebir que la civilización haya avanzado gradualmente durante el pasado, pero la ida de Progreso no aparezca hasta que se conciba que la civilización está destinada a avanzar indefinidamente en el futuro” en: BURY, John. La Idea de Progreso., México, Edit. Alianza. El libro de bolsillo 323, 1971, 18 pp.
[17] FICHTE, Johann Gottlieb. Discursos a la Nación Alemana, Edit. Tecnos, 55 p.
[18] BERMAN, Marshall. Todo lo sólido se desvanece en el aire, México, Siglo XXI, 1991, 12 pp.
[19] BERMAN, Marshall..Op, Cit., 14 pp.
[20] CERRONI, Humberto. Técnica y Libertad. Barcelona, Edit. Fontanella, 1973, 11 pp.
[21] Giddens, Anthony y Hutton, Will. En el límite. La Vida en el Capitalismo Global, Edit. Tusquest, Barcelona, 2001, 233 p. p.
[22] BAUMAN, Zigmund. Vidas Desperdiciadas. Barcelona, Edit. Paidós, 2004, 57 pp. por otra parte en Identidad dice “El otro extremo está abarrotado por aquellos a los se les ha vedado el acceso a la elección de identidad, gente a la que no se da ni voz ni voto para decidir sus preferencia y que, al final, cargan con el lastre de identidades de otros les imponen y obligan a acatar; identidades de las que se resienten pero de las que no se les permite despojarse y que no consiguen quitarse de encima. Identidades que estereotipan, que humillan, que deshumanizan, que estigmatizan…” BAUMAN, Zigmund. Identidad, Op. Cit. 86 p.
[23] BAUMAN, Zigmund. Identidad Op. Cit. 50 p.
[24] HOLLOWAY, John., Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy. Herramienta-BUAP, Argentina-México. 2002, 56 p.

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