domingo, 13 de enero de 2008

DISPOSITIVOS DE PODER: UNA PERSPECTIVA DESDE MICHEL FOUCAULT


LOS DISPOSITIVOS DE PODER: UNA PERSPECTIVA DESDE MICHEL FOUCAULT.
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No hablare de fuerza, porque el poder es más general y más vasto que la fuerza, contiene mucho más, y no es tan dinámico. Es más complicado e implica incluso una cierta medida de paciencia. A niveles inferiores y más animales, es mejor hablar de fuerza: una presa es agarrada por la fuerza y llevada a la boca por fuerza, cuando la fuerza dura más tiempo se convierte en poder. “Con respecto a este poder, es necesario distinguir primero el que se ejerce sobre las cosas y proporciona la capacidad de modificarlas, utilizarlas, consumirlas o destruirlas.”[1]

Según Foucault, el poder es una relación de fuerzas, pero es una relación precisa, porque el poder no es una cosa que uno tiene (como si tuviésemos una espada o un tanque), el poder es el resultado de una relación en el que unos obedecen y otros mandan, pero ésto es mucho mas complejo de lo que parece, porque no es posesión de nadie, sino el resultado de esa relación, y esas relaciones tienden a cambiar.

Por esa razón, el poder está estrechamente vinculado no sólo ni prioritariamente con la fuerza o la violencia, sino con ideas, creencias y valores que ayudan a la obtención de obediencia y dotan de autoridad y legitimidad al que manda. Así, aunque el miedo al castigo es un componente de todo poder, no es su componente fundamental. De esta manera la fuerza estaría intrínsecamente relacionada con los objetos, mientras que el poder con los sujetos.

Pero todo poder tiende a estabilizarse y ha reproducirse, ello cuenta además con la violencia, con un conjunto de creencias que justifiquen su existencia y su funcionamiento. Max Weber bajo su tradicional definición dice que el Estado "es una sociedad que con éxito reclama para si el uso la fuerza física legítima", es decir lo aceptamos todos porque se supone que ese castigo es funcional, es legítimo y por tanto goza de autoridad, y aquí surgen una docena de preguntas, ¿Quién goza de autoridad? ¿Como obtuvo esa relación que lo dotan entonces de poder? ¿Cómo quitárselo? ¿Dónde esta justificado el poder de las revoluciones sociales? Estas cuestiones reflejarían las diferentes caras que la sociedad muestra para entretejer la capacidad que hace posible que el deseo (sea placentero o no) se objetive, y ello implica en pensar que para objetivar, es necesario definir también cual es la identidad de los sujetos que guardan esta relación: el poder.

“Aun espero yo que un médico filósofo en todas la extensión de la palabra… tenga alguna vez el valor de llevar a sus últimas consecuencias la idea que yo no hago más que sospechar y aventurar”[2] Otro aventurero es sin duda Foucault que le atrajo intensamente la obra de Nietzsche, pero también su personalidad trágica y polémica, sin embargo a mi parecer creo que la búsqueda de Foucault es por una salto dialéctico con nuestro tiempo, por se parte de la arquitectura histórica por más cruel que se desarrollo, una época como él propiamente ha señalado, “es una época de locura y sumergida en el silencio y la sinrazón… Asistimos al nacimiento de la experiencia clásica de la locura” Descartes también en su momento encontró la locura del lado del sueño y de todas las formas de error, pues la locura es justamente la condición de imposibilidad del pensamiento. “…pero la locura queda excluida por el sujeto que duda”[3], la violencia es al parecer una forma brutal por despertar del sueño.

El poder entonces es un transe social que está más allá de una simple relación de fuerzas, aunque siempre se mantiene esa relación, pues la violencia tiene por objeto cuerpos, objetos o seres determinados a los que destruye o cambia de forma, mientras que el único objeto de la fuerza son otras fuerzas y su único ser la relación. Se puede concebir una lista, necesariamente abierta, de variables que expresan una relación de fuerzas y de poder que constituyen acciones sobre acciones: incitar, inducir, desviar, facilitar o dificultar, ampliar o limitar, hacer más o menos probable. Estas serían algunas categorías de poder. Por esto es las grandes tesis de Foucault sobre el poder se desarrollan en tres apartados: el poder no es esencialmente represivo, puesto que incita, suscita o produce; se ejerce más que se pose, puesto que sólo se posee bajo una forma determinada y clase determinada y, la tercera es que pasa por los dominados tanto como por los dominantes, puesto que pasa por todas las fuerzas de relación[4], relaciones que asumen esa fuerza y la estabilizan.

“Si el poder no es una simple violencia no sólo es porque en sí mismo pasa por categorías que expresan de la fuerza con la fuerza (incitar, inducir, producir, etc.) sino también como relación al saber, produce verdad en la medida que hace ver y hace hablar”[5]

Foucault intenta decir que sangremos con cuidado a los Dioses muertos, recordando aquí a San Agustín de Tagaste, África (luego obispo de Hipona, en Argelia), que decía con plena prudencia que había que llenar esos vasos sagrados que están vacíos y que intentan perdurar para cada sociedad: los conceptos. Estamos de acuerdo que, sangrar a Dios, es un método peligroso pero que hoy su peso ha caído sobre nosotros y la razón, el fundamento social debió ser reconocido: el poder. Para ello debemos reunir el entendimiento de la legitimación y la producción como decía Max Weber y asumir las resposabilidades que afirman la vida del ser humano (se brutal o no) dice Niezstche, pensando también que como dice Carlos Marx, que los hombres y los pueblos no se echan sobre sus hombros, nunca, una carga superior a sus fuerzas, pero algunas veces hasta estas fraces son falsas: pues lo griegos cargaron sobre sus espaldas a la democracia al lado de una justificación exclavista de sus polis.

Tal vez quisiéramos como los griegos una vez más entender y alcanzar algo más profundo de las relaciones de poder, y lo pudiéramos compartir sobre una actitud de convivencia y no de sobrevivencia, recordando lo impresionante que significa, el logos, la reunión de ellos que significa el dialogo y luego la dialéctica; porque el poder reafirma las posiciones desde donde hablamos, donde consumimos, y compartimos, todo el tiempo entonces estamos tratando de entender la legitimación de la obediencia, pero no todo el tiempo asumimos las responsabilidades que nos toca y ello implicaría no tomar parte del poder, todo el tiempo necesitamos ser alguien y entonces recurrimos a un poder que toca fibras más sensibles y luego incomodas; poder en la relaciones amorosas, en el mundo del consumo; el las filas de los partidos políticos, entre los intelectuales , entre los dirigentes, asesores, etc. El sociólogo Zigmund Bauman en su libro de Vida Desperdiciadas, reproduce ya algo conocido que Foucault y Clastres habían pronunciado: la reciprocidad del Yo, al querer realizar la autobiografía de su propio cambio, que no existe hasta que se ejerce y su ejercicio es la fuerza que hace posible que lo uno se adecue consigo mismo como otro, Bertrand Russell insistía en que necesitamos representar algo sobre los demás, algo que obligue a entender al otro que somos superiores aunque sea por unos segundos, que inciten a decir "yo decido", tengo la palabra y la razón.

Nadie puede decidir sino tiene el poder, de allí que la ciencia política sea la ciencia de el comportamiento del poder; puede corresponder a una definición aristotélica de cooperativas o maquiavélicas de conflicto. ¿Pero en verdad habrá decisiones colectivas? Es decir, ¿el ejercicio de la política es el ejercicio del acuerdo entre poderes? Por que la política decía Horkhimer es servicio máximo, que puede prestar la razón (1947, 195 p.)

Cuando la comunidad de los mortales contempla la política desde cada uno de esos ámbitos aparece generalmente con perfiles poco estimables, bien como “engaño” bien como “intereses” “traición”, “simulación”, o como lo que es la síntesis de todo ello, el “poder”.
El poder es una infinidad de relaciones que difícilmente podemos entender pero hacia su interior, como lo interpreta Foucault: el poder es el antecedente del Ser, porque es el reflejo de realizar algo, de concebir algo, de articular posiciones y superposiciones en el espacio de distintos actos. Por eso recuerdo del primer acto, el acto en el que la imagen surge de la herida que la divinidad se infringe a si misma, su voluntad, es el poder, se revela a sí misma.

El poder es diagramático; moviliza materias y funciones no estratificadas, utiliza una segmetaridad muy flexible. Pasa por puntos singulares, la acción la reacción de una fuerza con relación a otras, es decir, “un efecto como estado de poder siempre local e inestable”[6] Las relaciones de poder no emanan de un punto central o de un núcleo único de soberanías, sino que constantemente van de un puno a otro en un campo de fuerzas, señalando inflexiones, retroceso, inversiones, giros, cambios de dirección, resistencias.

Por último señalo que la reflexión en Foucault, el poder toma así la vida por objetivo: “la vida deviene resistencia al poder cuando el poder tiene como objeto la vida”[7] Cuando el poder deviene, la resistencia deviene poder de la vida, poder vital que no se deja detener en las especies, en los medios y en los caminos de tal y tal diagrama. “¿Qué es la vida sino esa capacidad de resistir de la fuerza?[8] Y es en el hombre donde hay que buscar, dice Foucault, el conjunto de las fuerzas y funciones que resisten a la muerte del hombre, en tanto que está vivo, como conjunto de fuerzas que resisten…”[9] la construcción de sujetos es posiblemente la escapatoria de la locura a la vida, del sueño político desde los griegos a la vida de ciudadanos visibles.

Interpretemos que el poder se ejerce más que se posee, no es un privilegio adquirido o conservado de la clase dominante, sino el efecto de conjunto de sus posiciones estratégicas, efecto que manifiesta y a veces acompaña la posición de aquellos que son dominados. Este poder no se aplica pura y simplemente como una obligación o una prohibición, a quienes no lo tienen; los invade, pasa por ellos y a través de ellos, del mismo modo que ellos mismo en su lucha contra él, se apoyan a su vez en la presas que ejerce sobre ellos, tal vez una red placentera de no querer cargar con ese poder como el diagrama de Etienne de la Boétie o más tarde Helvétius.[10]

Pero ello quiere decir, que estas relaciones descienden hondamente en el espesor de la sociedad, que no se localiza en la relaciones del Estado con los ciudadanos o en la frontera de las clases, y que no se limitan a reproducir a l nivel de los individuos, de los cuerpos, unos gestos y unos comportamientos, la forma general de la ley o del gobierno; que si también existe continuidad, no existe analogía ni homología, sino especificidad de mecanismo y de modalidad.

Además por poder no debe entenderse el conjunto de instituciones y aparatos que garantizan la sujeción de los ciudadanos en un Estado determinado, no es un modo sujeción que tiene la forma de una regla; tampoco un sistema general de dominación ejercida por un elemento o grupo sobre otro y cuyos efectos atravesarían el cuerpo social entero. Por poder hay que entender la multiplicidad de relaciones (quizás algo irrepresentable sobre un solo enfoque) de fuerza inmanentes y propias del dominio en que se ejercen y que son constitutivas de su organización; los apoyos que dichas relaciones de fuerza encuentran las unas en las otras para formar cadenas o sistemas y las estrategias que las hacen efectivas.

Las relaciones de poder no so univocas, defienden puntos innumerables de pensamiento, focos de inestabilidad cada uno de los cuales comparte sus riesgos de conflicto, de luchas y de inversión por lo menos transitoria de las relaciones de fuerza, aun la sociedades no aprenden como diría Tocqueville a conservar sus libertades donde el poder deja sus vacíos, y sin embargo ya se ha tiranizado a sí misma, ya ha perdido el registro del poder de su propia convivencia.

[1] FOUCAULT, Michel. El Sujeto y el Poder
[2] NIETZSCHE, F. La Gaya Ciencia, Edit. Sarpe, Trad. Pedro González, Madrid, 1984, 26 p.
[3] FOUCAULT, Michel. Historia de la locura en la época clásica, FCE, México, 1976, Tomo I, 77 p.
[4] DELEUZE, G. Foucault. Edit. Paídos. México, 1987, 87 p.
[5] FOUCAULT, M. Historia de la sexualidad. La Voluntad de saber, Edit. Siglo XXI, México, 76 p.
[6] FOUCAULT, M. Vigilar y Castigar,. Ed. Siglo, XXI, México, 199 p.
[7] FOUCAULT, M. Historia de la sexualidad. La Voluntad de saber, Op. Cit., 107 p.
[8] Op. Cit. 109 p.
[9] Ibidem, 70 p.
[10] Por cierto este último aparece en la primera parte de: “La Traición de la Libertad” de Isaiah Berlin, Editado por Henry Hardy, FCE, 2004.

1 comentario:

Conistico dijo...

Hola. me parece super interesante tu artículo, y bastante claro por lo demás. ¿Por casualidad lo tienes publicado en alguna revista?

saludos.