domingo, 13 de enero de 2008

EL RECUENTO HACIA LA IGUALDAD Y LA JUSTICIA: LA VISIÓN DESDE TOCQUEVILLE, MAZZINI Y RAWLS






LAS ASPIRACIONES DE LA HUMANIDAD: DE LA IGUALDAD EN LAS DEMOCRACIAS

A la vida del siglo XXI, cuando la rapidez en los cambios adquiere tintes de vértigo, las palabras, los conceptos, las tesis y las teorías parecen tímidos esfuerzos por aprehender una realidad que se escabulle y esconde por pasajes secretos. Esta realidad pariente de los camaleones y las gacelas se ufana por demostrar, en cada momento, la inocencia de los utensilios con los que el hombre emprende la cacería para asirse de ella. Con los colores del arco iris se muda de ropaje se inventa formas y texturas diversas para que nadie conozca su identidad. Esta realidad reina del azar y la accidentalidad, no permite ser atrapada en las redes de las causas y los efectos, parece exigir de sus captores menos soberbia y mayor humildad, permite acercársele siempre y cuando sea a través de sutilizas de la imaginación.

Contrario al optimismo con el que la humanidad cerró los mil ochocientos para abrir el nuevo siglo e clima se dibuja sombrío y cierta fatalidad permea al pensamiento. Las humanidad como el arte captura el sin sentido de la época, pero un plano que recrea una realidad de catástrofes, ¿como se podría asistir tranquilo a las catástrofes históricas? ¿predicar el patriotismo de sus diferentes nacionales? hemos perdido ese altar, pero aun nos queda uno más estructural; la educación, quien entre los prometedores deducirá las ideas que tranformen a la “verdadera realidad” la “tierra prometida de la humanidad” fundada en una nueva educación, acercamientos que apelan a la “memoria”. El arte de formar a los hombres.[1] Es aquí donde Fichte tiene un compromiso y este es marcar al espíritu: la muerte y la vida, Fichte se pregunta en el Discurso a la Nación Alemana, si queremos ser un punto terminal, los últimos representantes de una raza despreciable y despreciada, o bien queremos ser un punto inicial.

La humanidad se tiñe de desesperanza y el postmodernismo se erige como la sin respuesta, el pragmatismo se apodera de la política, mientras que el tema que subrayado como el origen de todos los males, el neoliberalismo se convierte en desastre económico sin salida, quienes incursionamos al mundo de las ciencias sociales podemos dejarnos caer en esta inercia, o bien, asumir como una a priori que el interpretar la realidad es un “largo sinuoso caminos” y que nuestro compromiso (sin despegar los pies de la tierra) es el de los sueños, la construcción de utopías regionales.

Y es que para las ciencias sociales en general, es impensable un proyecto social, sin etapa de acción y de construir la realidad; esa subjetividad donde “queremos al mundo y lo queremos ahora” (Jim Morrison. Doors-the end-1968) haciendo posible el futuro, sin que al hacerlo se tenga que renunciar al contenido humanista, al principio de la historia, ésta o debe estar orientada hacia la satisfacción de las necesidades de los hombres y hacia un orden que potencie sus cualidades más elevadas: la comunicación racional, la igualdad de oportunidades, igualdad ante la ley, la concordia, el incremento de la cultura y el cultivo de las arte, el cuidado del cuerpo, etc. Es decir que se exige un nuevo pacto social, entrando en los capos de la diversidad, de campos de naturaleza teórica, de los que fue difícil escapar.

A estas alturas de la historia nadie puede seguir sosteniendo que las ausencias o la crisis explican, por si solas, el desarrollo de acciones colectivas. Los sujetos sociales además de estar influenciados por las transformaciones que se dan a nivel de las estructuras, intervienen activamente reasignando significados a aquellos que ocurre más allá de sí mismo, en un proceso en el que interviene la dimensión subjetiva: el sistema de creencias, los recursos cognitivos e informativos, así como la efectividad.

El individuo se encuentra entonces en el centro de la vida política de las grandes democracias, pero se encuentra perdido, en medio de un sin numero de grandes organizaciones, carece de poder no más grande que la de una papeleta y credencial, no ha encontrado la solución para lograr un estado de igualdad. Tal es la paradoja que en el siglo XIX encontraba Tcqueville en la democracia: sociedades individualistas de masas, ¿Cómo hacerla funcionar? ¿Bajo que sentido de identidad? ¿desde donde levantar las pasiones y donde restringirlas? Las posibilidades del poder político bajo el control de la democracia trae consigo el alucinante principio de dar capacidad de acción-deliberación, de decisión a todos los individuos por principio de igualdad.

“Todos las escuelas revolucionarias predicaron al hombre que ha nacido para la felicidad, que tiene derecho a buscarla por todos los medios, que nadie tiene derecho a impedirle esa búsqueda, y que tiene derecho a derribar los obstáculos encontrados en su camino. Y los obstáculos fueron derribados, la libertad fue conquistada y duró años en muchos países; en algunos dura todavía”[2] ¿y ha mejorado las condiciones humanas en los pueblos? “No, la condición del pueblo no ha mejorado; es más ha empeorado y empeora en casi todos los países”[3]

La dosis de humanismo de Manzzini, reconoce el abismo fundamental que hay entre la retribución (capital) y el trabajo, exige un cambio de nuestras condiciones materiales, en Tocqueville esa igualdad de condiciones esta siendo aplaudida en Estados Unidos “Entre las cosas nuevas durante mi permanencia en los E. U., ha llamado mi atención ninguna me sorprendió más que la igualdad de condiciones”[4] “Vosotros, por tanto, necesitáis que cambien vuestras condiciones materiales para que podáis desarrollaros moralmente; tenéis necesidad de trabajar menos para poder consagrar algunas horas de vuestra jornada al progreso de vuestra alma… de ahí que debéis buscar y conseguiréis ente cambio; pero debéis buscarlo como medio, no como fin; buscarlo por sentido del deber, no únicamente del derecho”[5]

Ahora bien, la idea de igualdad que se persigue el discurso tocquevilliano no se trata de igualdad en la distribución de bienes (es decir va más allá de equidad que homogeneice la riqueza a todos los individuos, sino en modo de ser fundamental de las sociedad que niega jerarquías y privilegios estables. No es igualdad sustancial (bienes materiales), sino igualdad ante la ley; humanidad, igualdad jurídica; Estado Nación, igualdad de oportunidades; competitividad.

Predicar el deber antes de hablar de derechos reafirma Manzini; “donde todas las desgracias son para vosotros, y lo que se llama felicidad es para los hombres de otras clases, os hablo de sacrificio, y no de conquista, de virtud, de mejora moral, de educación”[6] Tocqueville reafirma que la democracia ya no perdura la distinción de los ordenes y las clases donde todos los individuos que forman la colectividad son total mente iguales, que no significa intelectualmente iguales lo que seria absurdo, ni económicamente cosa que seria imposible.

“Ningún plan de educación popular puede desarrollarse entre nosotros sin un cambio en las condiciones materiales con el pueblo y sin una revolución política. Quien se engaña esperándolo o lo predica como preparativo indispensable a todo intento de emancipación, predica la inercia y no otra cosa”[7] de esta manera Manzini declara que para el desarrollo se necesita un cambio de bienes materiales y no una igualdad en las mismas.

De hecho, Tocqueville considera la igualdad como la causa primera o, para decirlo en el lenguaje de Motesquieu, “el hecho generador” de las sociedades democráticas. Según Tocqueville, la igualdad de condiciones es el hecho que parece explicar todos los aspectos de la vida de una sociedad, incluso el régimen político de una sociedad determinada. De hecho, en el capitulo de La Democracia en América titulado “Estado social de los angloamericanos”, Tocqueville afirma que el estado social puede ser considerado “como la causa primera de la mayor parte de las leyes, de las costumbres y de las ideas que rigen la conducta de la naciones. Así, lo que no rinden, lo modifica. Para conocer la legislación y las costumbres de un pueblo es necesario comenzar por estudiar su estado social”[8]

Lo Tocqueville entiende por estado social es no sólo la distribución de la riqueza de una sociedad determinada, sino que incluye la manera de ser una sociedad, la manera en que se relacionan los individuos de una comunidad, esto podría mostrarnos la relación necesaria entre el estados social de igualdad necesaria y las instituciones democráticas.

La democracia como la fuerza deliberativa de todo ciudadano por mejorar sus relaciones sociales se convierte en una paradoja porque los absorbe y los diluye entre instituciones y organizaciones que tratan de respirar en el mundo de la democracia, el mundo donde todos elijen, todos deliberan, pero abandonan su libertad para ello, la abandona por el miedo de perderla por otro que no sea el Estado; miedo a no sólo perder la libertad, sino también la igualdad; bajar del estatus a la que las figuras de Nación y Estado nos han elevado ¿Ante quien se rinde el ser humano? ¡Que se rindan a través de la mediación del Estado! Manzini enfrenta también la terrible explicación de existencia de privilegios, el ateísmo, es una privación de la idea universal de “Dios” y por tanto generadora de desigualdades a favor del beneficio propio.

La diosa razón es una revelación de desigualdad, pero inevitable para reestablecer otra universalidad que engendrar diferencia para interpretar, para acudir al llamado de igualdad= ante la ley = Dios.[9] Al igual que Tocqueville, “la providencia es inevitable” el absoluto-Dios, la democracia es la suma de la historia que debe por fin modificar las relaciones entre servidor y amo, Tocqueville afirma: “Todavía no se han visto sociedades donde las condiciones sean tan iguales que no se encuentren ricos ni pobres; y por consiguiente, amos y criados. La democracia no impide que estas dos clases de hombres existan; pero si cambia su condición y modifica sus relaciones”[10] Este sentimiento de igualdad hace que los individuos democráticos actúen socialmente de manera radicalmente distinta de cómo lo harían en los tiempos aristocráticos, es justamente tal sentimiento de igualdad, lo que permite la movilidad social, bajo un nuevo tipo de valores a seguir.

El bien común de cualquier asociación política debe cumplir valores de la sociedad como tal y de todos y cada uno de sus miembros ¿Cuáles serian estos? Se han mencionado varios; los mas frecuentes: seguridad, paz, orden, libertad, igualdad, solidaridad. “la igualdad es pura y simplemente un tipo de relación formal que se puede colmar de los diversos contenidos” [11]

Para Tocqueville, el Estado es por naturaleza opresor de los individuos, sin importar el régimen de gobierno que domine, esto significa que tanto en el gobierno de la aristocracia como en el de la democracia el Estado tiende a oprimir a los ciudadanos, a dominarlos y tratar de dirigir sus vidas, no solo en lo concerniente a los asuntos públicos, sino, incluso, en los asuntos privados. En una sociedad democrática el ciudadano común “todo lo que pide al Estado es que no se le perturbe en sus labores y que se le asegure su fruto”[12]

La idea central es que si los individuos tienen la capacidad de velar por sus propios intereses, nadie tiene porque indicarle la manera de conducir su propia vida. En este sentido, la única obligación del Estado es velar que nadie, ni el propio Estado, intervengan en lo que a sus intereses convenga. Es decir, el Estado tiene la misión de velar porque nada ni nadie viole la “esfera privada” de cada individuo. “La igualdad que hace a los hombres independientes unos de otros, les da el hábito y el gusto de no seguir en sus acciones particulares sino su voluntad. Esta completa independencia de que goza continuamente en medio de sus iguales y en el curso de su vida privada los dispone a mirar de mala manera toda autoridad y les sugiere la idea y el amor de la libertad política”[13]

Según Tocqueville el proceso de nivelación de las condiciones materiales de vida, que se dio en Francia, fue lo que propició en la mayoría de los hombres el amor por la libertad. Lo que significa que al saberse iguales se percataron de que nadie tenía derecho a mandar sobre ellos, a menos que ellos así lo consintieran, y en ese sentido ser libres. “En la mayor parte de las naciones modernas y en particular en todos los pueblos del continente europeo, el gusto y la idea de la libertad no han empezado a nacer y desenvolverse, sino en el momento en que las condiciones comenzaron a igualarse”[14]

Históricamente la igualdad y el deseo de libertad se encuentran ligados por las circunstancias en las cuales surgen, sin embargo, no podemos ni debemos confundirlos, tanto la libertad como la igualdad son aspiraciones de la humanidad, pero no son idénticas y la lucha por alguna de estas aspiraciones no implica la lucha por la otra, antes bien, el aumento de una implica la disminución de la otra, incluso en ocasiones parece que se contraponen. Esto es, la lucha por imponer la igualación de las condiciones materiales de vida de los ciudadanos de cualquier nación implica una disminución en la libertad de tales ciudadanos; mientras que una libertad radical en lo económica traería consigo una gran desigualdad social. De hecho, Tocqueville cree que sin el arte de la política el igualitarismo puede hacer desaparecer a la libertad de la faz de la Tierra.

Ahora bien, si la libertad, o por lo menos el amor a la libertad, surge con la igualación de condiciones, es necesario plantearse las siguiente cuestiones: ¿la igualdad es requisito para la libertad? o ¿es la libertad necesaria para la igualdad?, ¿puede haber libertad sin igualdad o igualdad sin libertad?, ¿es posible pensar en la igualdad en una sociedad donde existen amos y esclavos o señores y siervos? Ciertamente es imposible que donde no haya libertad para todos los ciudadanos por igual, podamos hablar de igualdad ¡la única igualdad posible es la igualdad ante la ley y la igualdad en las libertades civiles! esa rara planta que se llama Justicia a la hora de aplicarla.

Una sociedad donde no hay libertad para todos sus miembros, es decir una sociedad donde unos gozan de la libertad y otros no, no es una sociedad de iguales. Esto es, sólo podemos hablar de igualdad cuando todos los miembros de una comunidad son libres en la misma medida, por lo que la igualdad política no podría existir sin la libertad. La igualdad social si podía existir sin libertad, puesto que un tirano podría igualar las condiciones materiales de su pueblo, sin la menor consulta al pueblo y sin tomar en cuenta sus deseos, esperanzas y ambiciones. La liberta, por otra parte, sí podría existir sin la igualdad, de hecho, así ha sido; pensemos, por ejemplo, el caso de Grecia clásica, en donde unos hombres podían ser liberes a costa de la esclavitud de otros.

Como hemos dicho, Tocqueville estaba convencido de que el estado social igualitario era proclive a la uniformidad y la mediocridad, ya que los hombre buscan la igualdad a toda costa y no permiten que ninguno sobrepase la media común. Además los individuos de las épocas igualitarias estarían tan ocupados en su propia subsistencia, que apenas tendrían tiempo para cultivar el espíritu. Dicha mediocridad podría, pensaba Tocqueville, implicar graves riesgos morales para la sociedad.

El problema más grave al que se enfrentan los hombres de los tiempos democráticos es, sin duda, el hecho de que la igualdad es compatible tanto con un gobierno de libertades, como con un gobierno despótico; pensemos en una monarquía en la cual todos los ciudadanos son iguales por debajo del rey: “… en los intereses de un déspota cabe hacer a sus vasallos iguales y dejarlos en la ignorancia a fin de conservar con más facilidad la esclavitud”[15]

El dilema parece despejarse con una sólo palabra: La Justicia, la acción de la ley, la acción de Dios, diría Manzini “Tenéis vida; por tanto, tenéis una ley de vida. No hay vida sin ley… Dios os ha dado la vida; por tanto, Dios os ha dado la ley. Dios es el único legislador de la raza humana”[16] La conciencia del individuo habla en razón de su educación, de sus inclinaciones, de sus costumbres, de sus pasiones. “La conciencia del iraquí salvaje habla un lenguaje diferente del europeo civilizado del siglo XXI, la conciencia del hombre libre sugiere deberes que la conciencia del esclavo ni siquiera sospecha”[17]

La funcionalidad del salvajismo debe estar a favor de la democracia, Tocqueville nos habla de que el individualismo no nace del instinto, sino de un falso juicio, de un error del espíritu, tanto como de un desecamiento del corazón. De esta manera, podemos decir que en las edades democráticas, el individualismo constituye un defecto del hombre en su papel de ciudadano. El egoísmo es un vicio del hombre en cuanto tal; el individualismo es un defecto del hombre en cuanto ciudadano. Ante el individualismo, Tocqueville bien podría hacer suya esa frase de Rousseau que decía: “Cuando el ciudadano dice de las cosas del Estado a mi que me importa el Estado está perdido”

Los pueblos democráticos aman la libertad, pero sienten una gran pasión por la igualdad “Creo que lo pueblo democráticos, tienen un gusto natural por la libertad; abandonados a sí mismo, la buscan, la quieren y ven con dolor que se les aleja de ella. Pero tienen por la igualdad una pasión ardiente, insaciable, eterna e invencible; quieren la igualdad en la libertad, y si así no pueden obtenerla, la quieren hasta en la esclavitud; de modo que sufrirán pobreza, servidumbre y barbarie, perno no a la aristocracia”[18] esta cita nos demuestra el gran peligro que percibía Tocqueville en la pasión igualitaria de los hombres democráticos, que los lleva, incluso, a perder la libertad con tal de no soportar ningún tipo de autoridad.

El desarrollo de la igualdad de condiciones es un acto que debe lograr la humanidad, la superación de genero humano esta en la medida de la supresión de las desigualdades en la evolución de las sociedades. “La humanidad, ha dicho un pensador del siglo pasado, es un hombre que aprende siempre, los individuos mueren; pero la parte de verdad que han concebido, el bien que han hecho, no se pierde con ello. La Humanidad lo recoge y los hombres que después pasean sobre su sepultura se benefician de ello. Cada uno de nosotros nace hoy en una atmósfera de ideas y creencias elaborada por todo la Humanidad anterior”[19]

Y esto es para Manzini, que la ley de Dios es una, así como lo es Dios; “pero nosotros la descubrimos artículo por artículo, línea por línea, cuanto más se acumula la experiencia educadora de las generaciones que nos preceden, y cuanto más crece en amplitud e intensidad la asociación entre las razas, entre los pueblos. Ningún hombre, ningún pueblo, ningún siglo puede presumir de descubrirla por entero. La ley moral, la ley de vida de la Humanidad no se puede descubrir por entero más que gracias al conjunto de la Humanidad reunida en asociación, cuando todas las fuerzas, todas las facultades que, constituyen la naturaleza humana sean desarrolladas en acción” es esta acción con la que concluiré este ensayo; la acción es la justicia que de ella depende todos los movimientos que se den en nombre de la igualdad, donde Tocqueville ya ha respondido que la igualdad ante la ley es la máximo conflicto de las sociedades políticas que se están democratizando.

Sin embargo, dotar al gobierno de un poder absoluto, sin límites ni contrapesos, resulta a los ojos de Tocqueville un gran riesgo para las libertades. No importa que ese gobierno sea de uno o de la mayoría “La omnipotencia, me parece en sí una cosa mala y peligrosa. Su ejercicio me parece superior a las fuerzas del hombre quienquiera que sea, y no veo sino a Dios que pueda sin peligro ser todopoderoso, porque sabiduría y su justicia son siempre iguales a su poder”[20]

Pero los siglos aristocráticos deben ser siglos pasados, pero al igual que estos siglos de democracia constituyen un freno a los abusos del poder del los individuos, “solo la humanidad, gracias a la continuidad de las generaciones y al inteligencia que se nutre de la inteligencia de de todos sus miembros, pude desarrollar paso a paso esa ida inspirada por Dios, aplicarla y glorificarla”[21], para Tocqueville la vieja aristocracia de sus padres justificada y eficaz estaba bien muerta, ¿pero la esclavitud también?.

“Todos vosotros sois soldados de un ejército que avanza por caminos distintos, dividido en núcleos diferentes, a la conquista de un único objetivo”[22] y aquí esta el reclamo de estos: la justicia; el Estado tiene que ser el interprete –codificar los Derechos Naturales a Derechos Positivos, que regulen y restrinjan la pasión de los hombres, bajo el símbolo de igualdad de condiciones; ciudadano-potencialidades.

“Libres o esclavos todos sois hermanos”[23] Tocqueville diría que los hombres no nacieron iguales, y que es muy probable que ese camino sea muy difícil y en algunos casos imposible como ya se ha dicho, pero si nacieron para poder decidir si van hacer libres o esclavos “no ha creado el género humano ni enteramente, ni completamente esclavo. Ha trazado, es verdad alrededor de cada hombre un círculo fatal de donde no puede salir; pero en sus vastos límites el hombre es poderoso y libre”[24]

La Justicia debe ser su constante de poder de dominio, de dominarse así mismo, de –diría Tocqueville- tiranizarse así mismo. En la obra Una Teoría de la Justicia[25] de John Rawls delinea los principales objetivos de un Estado social que aboga por el respeto a las libertades individuales, sin desvincularse de su función de promoción del bienestar, especialmente con los individuos menos favorecidos de la sociedad. Estas premisas en conjunto son para el autor estadounidense los elementos indispensables que debe abordar el quehacer político en las democracias actuales.

“La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento. Una teoría, por muy atractiva, elocuente y concisa que sea, tiene que ser rechazada o revisada sino es verdadera; de igual modo, no importa que las leyes e instituciones estés ordenadas y sean eficientes: si son injustas han de ser reformadas o abolidas”[26]

Una Teoría de la Justicia hunde sus raíces en la doctrina kantiana por ser parte de la tradición contractualista y por plantear una concepción de “seres noumenales” (individuos ideales), así como por retomar la moral de ontológica y formal. Con los elementos de la razón práctica kantiana, el propósito de Rawls será fundamentar una teoría donde individuos racionales adoptan principios de conducta auto impuestos afines a la ley moral, cuyo objetivo sea la consecución de la justicia.

John Rawls concibió Una Teoría de la Justicia a partir de la premisa de comprender a la sociedad como una asociación de personas que aceptan ciertas reglas de conducta obligatorias en sus relaciones sociales y que actúan de acuerdo con ellas. Rawls piensa que la justicia tiene un papel fundamental en la vida social, en lo cual me parece que todos estamos de acuerdo. La dificultad estriba en determinar qué se entiende por la justicia: “La Justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento”[27]

El autor indica que toda persona aspira a la justicia y que el bienestar de la sociedad no le oprima en sus particular situación como tampoco le vulnere en sus derechos, lo que no puede estar sujetos a regateos políticos ni a otro tipo de interese, o transacciones que coloque a la persona en condiciones desiguales. No es fácil lograr la justicia por lo que se requiere de unos principios denominados: La Justicia Social, que responde a una larga tradición en el derecho, los cuales: “Proporcionan un modo para asignar derechos y deberes en las instituciones básicas y las cargas de cooperación social”[28] Lo anterior significa que en la vida social las personas son sujetos de derechos y deberes, así como de beneficios y cargas de cooperación social, a través de las instituciones básicas para logar una mayor convivencias. La sociedad debe establecer un orden para el desarrollo cívico.

De acuerdo con la teoría de Rawls cuando los individuos en la posición original adoptan ciertas reglas de conducta están pensando en un ordenamiento social que pondere la utilidad general, preocupados especialmente por aquellos miembros de la sociedad con mayores carencias. Es por eso que la propuesta rawlsiana versará sobre el establecimiento de un sistema de cooperación social diseñado para promover el bienestar de todos aquellos que forman parte de él. El filósofo estadounidense cree que la cooperación social dará una mejor vida a cada uno de los individuos de la sociedad, que si aquellos vivieran de acuerdo a sus propios intereses. En ese tenor, la propuesta del pensador norteamericano parte del supuesto de que se necesitan ciertos principios para organizar la convivencia social, teniendo siempre en mente una concepción de justicia (es decir la manera en que se aplica la justicia) que determine acuerdos básicos en materia de derechos ciudadanos, pero también la necesidad de promover un arreglo para la distribución de cargas sociales, en términos de compensar a los miembros me menos aventajados de la sociedad, sin que ello vaya en detrimento de los nos individuos con mayores ventajas sociales. Rawls está pensando estos principios para el ámbito de la justicia social, una justicia cuyo objetivo sea el de crear un contrato capaz de así asignar derechos y ganar deberes entre los individuos de la comunidad, a la par de la distribución apropiada los beneficios y las cargas sociales.[29] Lo anterior conforma el presupuesto rawlsiano denominado justicia redistributiva

Al respecto Rawls señala: “Por grandes instituciones entiendo la constitución es política y las principales disposiciones económicas y sociales. Así, la protección jurídica de la libertad de pensamiento y de conciencia, la competencia mercantil, la propiedad privada de los medios de producción y la familia monógama son ejemplos de las grandes instituciones”.[30]

Por esta razón, Rawls considera que estas instituciones deben responder a principios de justicia como la primera de sus virtudes, al distribuir de manera adecuada derechos y deberes por un lado y la determinación de las ventajas provenientes de la cooperación social por el otro. Al mismo tiempo, Rawls cree que los individuos que firmarían el hipotético pacto social se encontrarían persuadidos para obtener cierto tipo de bienes por parte de las instituciones sociales.

El filósofo estadounidense los llama bienes primarios, y según él: en esta concepción de la justicia social, las expectativas se definen como el índice de bienes primarios que un hombre representativo puede razonablemente esperar. Las perspectivas de una persona mejoran cuando puede prever una colección preferida de estos bienes.

Por esa razón, sostenemos que un Estado que tenga como referencia la justicia, la equidad y la solidaridad tiene viabilidad en el actual contexto global, sobre todo pensando en que si son resueltas las situaciones de pobreza e inequidad de amplios grupos sociales, la inserción de ese Estado en el horizonte internacional sería más provechosa.

Tocqueville, Manzini y Rawls han tomado en cuenta las disertaciones de la naturaleza humana y han querido reivindicarla con valores positivos tomando como referencia un diseño político de este talante; la universalidad y los tiempos de la libertad, desde nuestro punto de vista los términos libertad e igualdad no serían antagónicos, puesto como se ha señalado en ese Estado la preeminencia del derecho debe ser el fundamento de su accionar. A la vez la promoción de la justicia social debe ser entendida como el complemento para la conformación de un Estado viable. Así, por un lado se respetan los derechos civiles y políticos, y por el otro se busca fortalecer los sociales.

De esta forma, se podría dar paso a la conciliación de posiciones consideradas dicotómicas, diseñando con ello una vía para que del consenso en torno a ciertos principios de justicia se diera paso a la acción política. Para quienes compartimos esta visión siempre será gratificante que, desde nuestro espacio, traduzcamos esos principios filosóficos en principios políticos.

No se pretende la conformación de una sociedad perfecta, ni de un modelo político infalible, pues como señaló Kant de una madera tan torcida como de la que está hecha la humanidad, no se puede aspirar a construir algo completamente recto. Sin embargo, si puede existir una aproximación, siempre perfectible, al quehacer político en las democracias modernas como el esbozado por John Rawls.

Los tiempos del Estado omnipresente se han acabado. Sin embargo sigue siendo necesaria su intervención en aquello aquellos espacios donde el mercado no ha llegado. La apuesta es por un Estado que no sea ni modesto ni robusto, sino pertinente. Un Estado con una idea clara de la justicia, ahí donde debe intervenir.

Conciente de la globalización pero comprometido con la ética social. Finalicemos con una cita de Isaiah Berlin que expresa de manera lúcida el sentir de la justicia en la vida política democrática:

Si la creatividad humana ha de basarse en una diversidad de elecciones que sean mutuamente excluyentes, entonces, como preguntaban en tiempos de Chernishevsky y Lenin: “¿Qué hay que hacer?” ¿Cómo elegir entre posibilidades? ¿Qué y cuánto ha de sacrificarse a qué? Yo creo que no hay una respuesta clara. Pero las colisiones, aunque no puedan evitarse, se pueden suavizar. Las pretensiones pueden equilibrarse, se puede llegar a compromisos: en situaciones concretas no todas las pretensiones tienen igual fuerza, tanta cuantía de libertad y tanta de igualdad, tanta de aguda condena moral y tanto de comprensión de una determinada situación humana; tanto de nada aplicación plena de la ley y tanto de la prerrogativa de clemencia; tanto de dar de comer a los hambrientos, de vestir al desnudo, curar al enfermo, cobijar al que no tiene techo. Deben establecerse prioridades, nunca definitivas y absolutas.[31]

[1] FICHTE, Johann Gottlieb. Discursos a la Nación Alemana, Edit. Tecnos, 55 p.
[2] MAZZINI, Giuseppe. Pensamientos sobre la democracia en Europa y otros escritos, Edit. Tecnos, 217 p.
[3] MAZZINI, Guiseppe, Op. Cit. 217 p.
[4] TOCQUEVILLE 31 P. Democracia en América, F. C. E. México, 1994, 31 p.
[5] MAZZINI, Guiseppe, Op. Cit. 228 p.
[6] MAZZINI, Guiseppe, Op. Cit. 216
[7] MAZZINI, Guiseppe, Op. Cit. 231
[8] TOQUEVILLE, Alexis. Democracia en América. 67 p.
[9] MAZZINI, Guiseppe, Op. Cit. 233
[10] TOCQUEVILLE, Alexis. Op. Cit. 530 p.
[11] VILLORO, Luis. El Poder y el Valor. Fundamentos de una Ética Política, Edit. FCE, México, 1998, 271 p.
[12] TOCQUEVILLE, Alexis, Op. Cit. II 583
[13] TOCQUEVILLE Op. Cit. II 624 p.
[14] TOCQUEVILLE, Op. Cit. II 465
[15] TOCQUEVILLE, Op. Cit. 416 p.
[16] MAZZINI, Op. Cit. 243 p.
[17] MAZZINI, Op. Cit. 250 p.
[18] TOCQUEVILLE, Op. Cit. 465 p.
[19] MAZZINI, 252 p.
[20] TOCQUEVILLE 258 p.
[21] MAZZINI 259 p.
[22] MAZZINI 261 p.
[23] MAZZINI 268 p.
[24] TOCQUEVILLE 352 p.
[25] RAWLS, John. Teoría de la Justicia. México, FCE, 2002
[26] RAWLS, John. Teoría de la Justicia. México, Op. Cit. 44 p.
[27] RAWLS, John. Teoría de la Justicia. F. C. E., México, 1995, 36 p.
[28] Ibidem 43 p.
[29] RAWLS, John, Op. Cit. 121
[30] Ibidem 124 p.
[31] Isaiah Berlin. El Fuste Torcido de la Humanidad. Barcelona, Península, 1995, 35 p.

No hay comentarios: